PAHC Bages con las familias vulnerables

La PAHC Bages ocupó, el Primero de Mayo, su octavo edificio en la ciudad. Al entrar, sin embargo, se encontraron que el inmueble, propiedad de un fondo buitre, se encontraba en un grave estado de dejadez, con las obras a medio terminar y con las instalaciones pendientes. Desde entonces, los miembros del colectivo no han parado de trabajar para adecuarlo para hacerlo habitable. De dentro han sacado una tonelada y media de escombros. «Estaba sucio, deteriorado, con las puertas que no se podían ni abrir, pero ahora al menos tendremos un techo», explica la Sayda Arévalo. Ella, su marido y su hija serán los primeros inquilinos que tendrá el edificio. Hay vivirán seis familias.

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Hace cuatro días que los miembros de la PAHC trabajan sin parar al bloque. «Lo que estamos intentando es salvar el edificio, estaba a punto de caer con agua que entraba por todas partes», explica el Abderrahman Latrach, miembro de la plataforma y probablemente uno de los primeros que entrará a vivir en el bloque. También lo harán la Sayda Arévalo y Allan Matute con su hija. «Gracias a la PAHC tendremos por fin un techo», agradece ella.

El bloque, situado en la calle de Bambylor de Manresa y propiedad de un fondo buitre, llevaba casi una década vacío. Desde la ocupación, el 1 de Mayo, no se ha parado de trabajar. Se ha retirado cerca de una tonelada y media de escombros, limpiado, y ahora se trabaja en la instalación eléctrica. También se está pintando para tratar de sacar las humedades.

La PAHC ha puesto en marcha una campaña para recoger dinero para poder completar las tareas. De momento ya cuentan con la complicidad de los vecinos de la zona, que les han llevado desde alimentos a sanitarios o calderas. «Este bloque llevaba diez años vacío y con la necesidad de vivienda que hay … me parece perfecto», asegura Xavier de Gregorio, que vive en el edificio de al lado.

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Familias vulnerables

De momento, la PAHC ya ha acordado las dos primeras familias que se instalarán. En el caso de la Sayda Arévalo y Allan Matute, tenían trabajo, pero la pandemia les ha pasado factura. El inquilino de donde vivían no quiso aceptar que pagaran más tarde y están pendientes de ser desalojados. El Abderrahman Latrach también está pendiente de ser desahuciado. Se le acabó el contrato y la inmobiliaria no quiso renovar. «Desde que me denunciaron, me arruinaron la vida», explica. Y es que su orden de desahucio es con fecha abierta. «Todo el año de pandemia hemos sufrido por si nos podían echar en cualquier momento», relata.

La PAHC tiene una larga lista de casos de personas que se encuentran en situaciones similares, por lo que ahora deberán decidir qué familias ocupan los cuatro pisos restantes. El colectivo, sin embargo, alerta que cada semana entran nuevos casos. Incluso, aseguran que hay que llegan derivados desde los Servicios Sociales municipales y entidades como Cáritas. Por ello exigen a las administraciones que hagan algo para aumentar el parque público de vivienda y que las personas en situación de vulnerabilidad puedan acceder a alquileres sociales. «No pedimos nada que no sea humanitario y legítimo: un alquiler que puedan pagar y en condiciones de vida», asegura Lidia Soler, una de las portavoces de la PAHC.

Fuente: La Ciutat

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