Correos, en pie de guerra

Fue la gota que colmó el vaso: trabajadores de Correos de la unidad de reparto número 4 de Sabadell denunciaron a su jefa por falsificar el número de identificación de la persona a la que sustituía para instar a los carteros a que hicieran una sola entrega de las notificaciones —administrativas, judiciales—, en vez de las dos reglamentarias, y así priorizar la pronta salida de la paquetería —Amazon, AliExpress, Zara, etc.—. La denuncia cayó en saco roto. La paciencia de los trabajadores desbordó el vaso. Desde el 6 de abril, doce de los diecisiete trabajadores fijos de esta oficina se encuentran en huelga indefinida. Afecta a 70.000 habitantes de la ciudad.

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El 20 de mayo, la oficina de Reus se sumará a la huelga. El 30 de mayo, la de Terrassa, con una huelga indefinida a media jornada. En total, las movilizaciones repercutirán a 300.000 usuarios y, de momento, las negociaciones no avanzan.

Diferentes oficinas de Correos cuentan la misma historia: la mayor empresa pública estatal lleva más de 30 años liberalizándose paulatinamente en una transformación que se ha acelerado desde la anterior crisis económica y que ha desembocado en los últimos años en un proceso de amazonización. “Amazon es su nuevo dios”, explica con cierta sorna y bastante tristeza Eduardo Fernández, uno de los doce trabajadores de Sabadell en huelga y afiliado al sindicato CGT.

Fernández es cartero de reparto en moto. Trabaja en Correos desde 2004 como personal laboral fijo. No es funcionario. La última oposición se celebró en 1998. En 2000, Correos se convirtió en una Sociedad Anónima y se separó de la Administración. En 2007, se aprobó el Estatuto Básico del Empleado Público, el cual no se aplicó a Correos. Dicha decisión provocó una desbandada de funcionarios a otras administraciones públicas, como el Sepe.

Desde 2008 a 2018, Correos perdió 13.832 trabajadores, el 21% de su plantilla. Y la temporalidad se elevó del 22 al 34%. La empresa pública sufrió los recortes de la crisis y la SEPI asumió las pérdidas económicas. “Correos está trabajando en la diversificación para generar diferentes fuentes de ingresos, impulsar la paquetería y la eficiencia, así como la internacionalización, con presencia en Portugal y China desde 2019”, indica el gabinete de prensa de Correos. Las palabras claves son paquetería y eficiencia.

Si bien es verdad que el envío de cartas sufrió un bajón tras la eclosión de internet, el comercio virtual ha incrementado enormemente el envío de paquetería. Una mercancía que juega con unos márgenes apretados de recepción, manipulación y entrega al destinatario. Y ocupa más volumen en el almacén, de ahí los apremios que sufren los carteros en las oficinas.

El almacén más grande de Correos es de Vallecas, donde trabaja Mario Murillo. “A veces hay problemas de almacenamiento”, confirma. “Es el Centro de Transporte de Madrid, el CAM2, el que está permanentemente desbordado y también hay problemas puntuales en Barajas”. En el aeropuerto, Correos está construyendo nuevas instalaciones con una superficie de 12.500 metros cuadrados. Ha invertido 14 millones de euros. Facilitará la conexión con su sede en China, principal foco de paquetería del mundo, y podrá clasificar 500.000 paquetes al día.

El 9 de diciembre de 2020, en la campaña de Navidad, Correos registró la cifra más alta de su historia: movió 2.280.403 envíos, de los cuales más de un millón fueron paquetes.

Externalizar con falsos autónomos

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Mientras, la vida prosigue a pie de buzón. Las reivindicaciones de la huelga de Sabadell ni siquiera son de índole salarial: piden más contrataciones porque “no podemos afrontar el reparto del día a día con cada vez menos plantilla”. “Como trabajadores públicos no estamos haciendo nuestra labor, por eso estamos en huelga”, explica Eduardo Fernández.

Los carteros tienen rango de federatarios públicos, dan fe de lo que entregan: una carta del médico, del juzgado, de Hacienda, un burofax, etc. Pero entre notificaciones importantes y tristes facturas deben entregar con rapidez la paquetería que proviene del comercio online para evitar tapones.

Fernández aterriza los macrodatos de Correos a su huelga, por la que lleva seis semanas sin cobrar: la pérdida del 21% de la plantilla implica que los carteros que quedan deben cubrir más zonas de reparto. “En nuestra zona hay 26 secciones, por lo que se necesitan 26 carteros, pero ahora solo somos 17”. ¿Quién decide el número de empleados necesarios? “Las jefaturas, sin contar con los sindicatos, que es uno de nuestras reivindicaciones”.

Desde Madrid, Yeya Leonardi alerta no solo de los problemas de redimensionamiento de los carteros a pie de calle —ella lo es—, sino de lo que ocurre en la trastienda. Hace seis meses CGT convocó una huelga de los ruteros del Centro de Tratamiento Automatizado de la capital. “Conseguimos parar la contratación de autónomos que se iban a encargar de llevar la cartería de una sucursal a otra”, indica. “A través de licitaciones, Correos subcontrata empresas de transportes que a su vez subcontratan a autónomos, falsos autónomos seguramente”, detalla.

“En los últimos años, Correos lo ha externalizado todo: el personal de limpieza, el mantenimiento de la flota de vehículos, el servicio de transporte de carreteras, mientras publicita a bombo y platillo convocatorias de trabajo absolutamente precarias. Medias jornadas. ¿Quién puede vivir así?”, se pregunta.

“Yo estuve un año y medio trabajando a tiempo parcial, cobrando 800 euros en Madrid. Soy una persona austera, pero me planteé la necesidad de trabajar en fin de semana en la hostelería”, responde Mario Murillo, también afiliado a la CGT. Desde el 1 de julio de 2020 trabaja a jornada completa (37,5 horas). “En los meses más altos cobro unos 1.200 euros. Depende del IRPF y los complementos de antigüedad, pero en mi categoría profesional, la de agente de clasificación, nos movemos en la horquilla de entre 1.100 y 1.200 euros”.

Sabadell, cuatro reivindicaciones

La unidad de reparto número 4 de Sabadell ha expuesto cuatro motivos para ir a la huelga, de los cuales comparte los tres primeros con las otras sucursales de Correos catalanas que se adherirán a las movilizaciones: más contratación, fin del autoritarismo de las jefaturas, la participación sindical en el redimensionamiento de las unidades de reparto y que se investigue a su jefa. Consideran que la denuncia que interpusieron el 21 de diciembre ante el consejo de administración de la empresa quedó en agua de borraja.

Los sindicatos solicitaron el jueves una reunión con la empresa con el servicio de mediación del Departament de Treball de la Generalitat de Catalunya. Aún no han recibido respuesta. Asimismo, denunciaron ante la Inspección de Trabajo la contratación de personal eventual para realizar el trabajo que realizan los huelguistas, una práctica ilegal, con el objetivo de evitar las multas de las empresas que contratan a Correos para entregar sus paquetes. Por su parte, Correos desmiente “las acusaciones de vulneración del derecho de huelga”.

El 2, 3 y 4 de junio, CGT y el sindicato independiente SIPcte han anunciado un paro de cuatro horas en todas las oficinas de la provincia de Barcelona, que se añaden a las movilizaciones previstas por Reus y Terrassa. Sabadell ha encendido una mecha que llevaba tiempo a punto de prenderse.

2025, fines de semana y Caja Postal

En 2020 se ha hablado de sanidad pública y tímidamente de educación, mientras esta semana el ministro José Luis Ávalos proclamaba en Twitter el comienzo de la liberalización de Renfe, que ahora compite con Ouigo, ¿pero qué ocurre con un servicio fundamental como el que ofrece Correos? 2025 es el año en el que decaerá el acuerdo de Correos para prestar el Servicio Postal Universal. La cuenta atrás ha empezado. Paralelamente, en el Congreso sigue en stand by la propuesta del consejo de administración para incluir a los trabajadores en el Real Decreto de Jornadas Especiales. Las últimas elecciones generales y la pandemia paralizaron los trámites con los que la empresa pretende desregularizar el descanso de los trabajadores, abriendo la puerta a trabajar los domingos, además de los sábados.

Mientras, CGT intenta promover un debate social sobre el futuro del mayor ente público, y más antiguo. Correos se fundó en 1716. ¿Es lícito ofrecer una infraestructura pública para que empresas privadas muevan sus mercancías con mayor celeridad, y ofreciendo precariedad laboral a sus trabajadoras? La diputada de En Comú Podem, Jéssica Albiach, abrió el melón y en febrero propuso un “Amazon público y cooperativo” para ayudar a las pequeñas y medianas empresas españolas a desarrollar sus ventas online y competir así con el todo poderoso Amazon. Íñigo Errejón, de Más País, recogió el guante y añadió que pretende llevar una propuesta al Congreso en ese sentido.

CGT va más allá de la paquetería y propone recuperar la Caja Postal como fuente de ingresos y banca público, que Correos cerró —liberalizó— en 1999 para ser relevado hasta 2016 por Deutsche Bank. En setiembre de 2020, Correos firmó un acuerdo con Banco Santander para ofrecer la retirada e ingreso de efectivo en pueblos pequeños que carecen de sucursal bancaria, e incluso que los carteros lleven el dinero a los clientes, como si fueran riders de sucursales bancarias ambulantes.

Fuente: El Salto

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